CLARA GENTILI: MUJERES Y VINOS DE MAREMMA

En la familia de Clara Gentili, el vino tiene nombre de mujer. Es hija de Elisabetta Geppetti, quien marcó un antes y un después en Maremma. Ahí el mar tirreno entrega su aire mineral y baña el terroir de donde nace el Morellino Di Scansano, el vino más representativo de esta región de la Toscana, y con el que Le Pupille -La bodega familiar que fundó su abuelo y que hoy dirige su madre- se dio a conocer en el mundo.

Clara está emocionada. Es su primera visita a Perú y a Sudamérica. Al día siguiente de esta entrevista, partió con su novio a conocer Cusco y Machu Picchu. Joven, sonriente, tranquila, me cuenta que le gustan los vinos elegantes y frescos. Es la mayor de cinco hermanos. Hace ocho años, se involucró de lleno en el negocio familiar, y hoy está a cargo del área comercial para los mercados de Estados Unidos, Asia e Inglaterra.

¿Cuáles son los recuerdos de niñez que te conectan con la bodega?
Recuerdo mucho Le Pupille porque mi mamá nos llevaba muy seguido como parte del paseo, y participábamos en las visitas. Era una bodega, sí, pero siempre estaba involucrado el aspecto familiar. Pasé mi infancia allí. Solía probar el vino y me gustaba, pero la primera vez que dije “Uy, esto es muy bueno” fue en una cena con mi mamá, cuando probé el Galatrona de Petrolo, un merlot 100 % de Toscana. Tuve como una iluminación, y desde ese momento comencé a conectarme más.

Tu mamá fue presidente del Consorzio Tutela Morellino di Scansano. Es un ejemplo de innovación. ¿Qué es lo que ves de ella, lo que más admiras y con lo que más te conectas?
Mi madre fue la primera mujer presidente del consorcio en 1991. En ese momento, no eran más de diez productores. Ahora son más de cien. Seguramente hay muchas cosas en las que nos parecemos. Nuestra pasión es algo que tenemos en común. Pero también somos muy diferentes. Esto es algo de lo que me siento orgullosa, porque cuando tienes un padre importante, es normal querer imitarlo un poco, pero mi carácter y personalidad las saco adelante siempre, y mi mamá me escucha, me respeta, valora mis decisiones y opiniones. Siempre nos ha dado espacio para ser.

Cada vez se aprecia más el papel femenino en el mundo del vino. Veo que hay mucho desarrollo en ese sentido, sobre todo en Europa. ¿Cómo ves el rol de la mujer en el vino?
Son muy pocas las mujeres que hayan fundado bodegas. Mi mamá es una de las únicas. Hoy hay de nuevas generaciones, como Arianna Occhipinti en Sicilia o Elena Fucci. Ahora hay muchas mujeres que trabajan en esto, y en mi caso es porque soy hija de padres que me transmitieron la pasión. Creo que en el ámbito del vino no hay tantas dificultades para las mujeres porque es un mundo muy sano, de compartir, de valores, de cultura. Pienso que aportamos mucho. Somos más sensibles. Los vinos que logramos son más precisos, más pulidos.

Vamos a catar los vinos: el Morellino clásico y el Poggio Valente.
El Morellino es el vino insignia de la bodega. Tiene 85 % de sangiovese y un 15 % entre ciliegiolo y alicante (garnacha), que es la única uva no italiana que se pudo usar desde el primer año en el que nació el Morellino (1978). Es muy frutada y entrega notas especiadas. Es un vino fresco, muy bebible, con mucha fruta roja y rica acidez. En el Morellino, un quinto del vino pasa unos cinco meses en barricas usadas de dos o tres años. El Poggio Valente es uno de nuestros dos Cru. Viene de un viñedo muy antiguo de los años 70, y es 100 % sangiovese. Es bien elegante y no necesita otras uvas que lo ayuden a equilibrarse. Fermenta en inox, y pasa 15 meses en toneles grandes. En este vino, se siente más el terroir que la fruta, sobre todo en boca: intensidad, persistencia, textura.

¿Con qué platos acompañan tradicionalmente el Morellino? Al ser un vino tan fresco, lo disfrutaría con algunos pescados.
Es cierto. En la Maremma, tenemos variedad de pescados. Uno que va bien es la pallana, que es como un atún pequeño y tiene mucho sabor. Otra alternativa es el maridaje a base de productos locales. A mí me encanta con una tabla de quesos frescos de la zona, salumi, pan fresco y aceitunas. También resulta ideal con los tortelli maremmani, esta pasta grande rellena de ricota y espinaca. Te ponen tres o cuatro en el plato, cubiertos con un poco de mantequilla y salvia, o con ragú… ¡y basta! (Melina Bertocchi).

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