IMPAKTO: METÁFORA DEL ESPACIO

El artista estadounidense Paul Wackers y el peruano Javier Bravo de la rueda interpretan la vulnerabilidad de los espacios y nuestra relación con ellos a través de las obras que presentan en la Galería Impakto. Mientras Wackers muestra que el desorden de lo vivido forma parte de lo cotidiano; Bravo expresa la fragilidad de la construcción de un hábitat o de una personalidad.

RINCONES SATURADOS
UNA INVASIÓN DE PLANTAS, OBJETOS Y COLORES NOS HABLAN DE UNA NECESIDAD POR CUESTIONARNOS LOS LUGARES EN LOS QUE NOS MOVEMOS Y LAS DIRECCIONES QUE TOMAMOS.


El artista estadounidense Paul Wackers vive en Nueva York.

En su cuenta de Instagram Paul Wackers dio a conocer la llegada de sus piezas a Lima y su emoción revelaba su primera vez en Sudamérica. Esa naturalidad también se observa en su visión de lo cotidiano.

Wackers nació durante la Navidad de 1978, en New Haven, Connecticut. Sus lienzos en acrílico tienen una particularidad: muestran espacios donde cohabitan estantes y diversos objetos con plantas. Este aparente caos revela una necesidad por encontrar cosas bellas en espacios que posiblemente han dejado de serlo, según una estética tradicional.

La vitalidad de su obra deja lugar para la reflexión: las plantas dominan la disposición en el lienzo, como si buscaran ganar terreno. Y el artista lo confirma. “Pues sí, las plantas pueden ocupar el espacio que deseen dentro de mi trabajo. La idea es transmitir que estar cerca de la vida vegetal es algo relajante e inspirador. Y que ver un espacio lleno de verde nos invite a investigar más los lugares con pilas de basura”.

Wackers asegura que su estudio y su casa guardan mucha relación con los rincones de sus pinturas. “Tengo muchos objetos recogidos de muchos viajes y estos están mezclados con plantas porque disfruto mucho estar rodeado de colores y texturas diferentes que me servirán de inspiración”, añade.

Para la muestra en Impakto eligió 11 lienzos de gran formato. “Mi estudio no es tan grande como para poder apreciar mis cuadros como en Impakto”, cuenta.

Wackers es un artista que se alimenta de diversas plataformas, como Instagram. Su faceta de instagramer le brinda cierta satisfacción, se siente cómodo en ella. Afirma que es una manera agradable de compartir lo que hace y obtener una respuesta directa de las personas hacia su trabajo. Lo hace más tangible y real. “Si mi arte solo se quedara en mi estudio o en una galería perfectamente blanca, se vería muy falso. Y yo no vivo de esa manera”, manifiesta.


A Rancous Noise (2019). En acrílico sobre tela. 123 x 102 cm. (izquierda)
Whip (2018). En acrílico sobre lienzo. 61 x 51 cm. (derecha)


Making friends and turning stranger (2018). 127 x 152 cm. Acrílico sobre lienzo.

FALSA URBANIDAD
JAVIER BRAVO DE LA RUEDA REPIENSA LA PRECARIEDAD DE LAS CONSTRUCCIONES, EL CRECIMIENTO VERTICAL Y SU EFECTO EN NUESTRA NOCIÓN DE SOCIEDAD. ¿SEGUIR CRECIENDO O DERRUMBARNOS?
Fotos de Jaime Gianella


Javier Bravo de la Rueda al lado de una de sus maquetas.


Maqueta para informalismo urbano: gres y porcelana (izquieda). El río. Acuarela y tinta sobre papel. 208.5 x 56 x 4 cm. (derecha).

El artista peruano Javier Bravo de la Rueda empieza nuestra conversación con una advertencia: “¡Ojo! Yo no soy escultor. Tampoco ceramista. Solo trato de hacer cosas”. Javier ha decidido vivir en España luego de llevar una maestría en Artes Aplicadas en la Escola Massana, de Barcelona, y espera poder seguir alimentando su trabajo y experiencia por esas tierras.

En Perú, estudió pintura en la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pero un día se dijo que necesitaba “salir de ella”. Su meta era llegar a la escultura, pero hacía falta un nexo para esa transición y en esa búsqueda se encontró con la cerámica. “Como medio, ha estado presente en el desarrollo de las civilizaciones”, advierte Javier.

Su pasión por esta técnica tiene tintes académicos. “Eso, gracias a nuestro taller que se dedica a la investigación artesanal, lo que nos permite ponernos en contacto con artesanos del Perú”, agrega.

Para Impakto, una serie de acuarelas dispuestas en las paredes hablan del quehacer cerámico, de ese interés por la cultura popular y la artesanía. El trabajo netamente figurativo es su debut en este ámbito. Parte de la muestra son cerámicas que viene trabajando desde hace más de tres años y que muestra en forma de maquetas con influencia arquitectónica.

Rompiendo la tradición ceramista en cuanto a tamaños, una de estas maquetas alcanza 1.60 m. “En cerámica es un reto hacer piezas grandes”, explica Javier, uno que él ha querido superar. Bravo apunta que estas piezas son sus propias Torres de Babel. “Lo que quiero expresar es la fragilidad, la precariedad de estas construcciones. Una reflexión sobre cómo nos construimos como sociedad. El símil perfecto es la Torre de Babel, una construcción arcaica que trata de alcanzar el conocimiento, la totalidad del misterio, pero que en su intento se derrumba”, agrega.

En su taller, una enorme mesa está repleta de cerámicos de todo tipo, como alcancías de chanchos o pequeños jarrones. Le decimos que es un hoarder y ríe. “Imagínate, tener un taller de cerámica es lo más hoarder que hay”, admite.

A Bravo le encanta España y la posibilidad que dan sus calles de encontrar objetos abandonados, como si se trataran de extraños tesoros. “Cuando las casas antiguas se remodelan, la gente bota sus cosas. Acá en Lima no vemos eso (risas). ¡La gente no bota! No tenemos la costumbre de despojarnos de objetos”.

Es una discusión entre lo utilitario y lo contemplativo, entre lo que es un desperdicio y lo que puede volver a tener vida.


Una de las esculturas más altas de la muestra de Bravo, con 2 m, es la Maqueta para Torre de Babel, de cerámica gres (izquierda).
Maqueta de cúpula en llamas, de porcelana, con un alto de 1.20 m.
(derecha)

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