PLACERES: CONEXIÓN CON LA AMAZONÍA

Descubrir los secretos de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, la segunda área natural protegida más extensa del Perú, a bordo de un barco durante cinco noches, es una experiencia de lujo y una travesía inolvidable. El recorrido empieza ahora en el Delfín III, del Delfin Amazon Cruises.

Por Jorge Riveros-Cayo, fotos de Yayo López


El imponente Delfín III, un hotel de lujo flotante con 23 suites distribuidas en dos pisos, surca las aguas del río Marañón durante su periplo hacia la Reserva Natural Pacaya Samiria. El crucero parte del puerto de Nauta, en Iquitos.

De repente, salta un delfín rosado en medio del río. Rarísimos de ver, debes ser muy ágil para cazarlo a simple vista, con los binoculares o con una cámara fotográfica. Adonay Rodríguez, hombre pequeño y fortachón, guía intrépido e informado sobre su entorno, que nos conduce en este periplo al corazón de la selva amazónica peruana, gira inusitadamente la cabeza y grita victorioso: “¡Ahí está! ¡Otro delfín!”. Por arte de magia, salta uno de la nada y vuelve a desaparecer, mientras una docena de visitantes, a bordo del Delfín III, se quedan perplejos con cámara profesional en mano, sin haber efectuado un solo disparo. Así es la selva. Los animales no esperan. La vida sigue su curso.

La Reserva Nacional Pacaya Samiria es la segunda más extensa del país y la quinta más grande de Sudamérica. Casi del mismo tamaño que El Salvador. Situada en la región Loreto, también ostenta el título del área natural inundable más grande del continente. Durante la temporada de lluvias en la cordillera de los Andes, el caudal de los ríos aumenta en todo el bosque amazónico, inundando el 85% de la reserva –de ahí la descripción de su principal ecosistema como bosque inundable– y haciéndolo accesible solo en una embarcación.

El caño El Dorado, uno de los ríos más conocidos de la reserva, parece una gran pista de aterrizaje para las 449 especies de aves que habitan en esta área protegida, como los diversos tipos de garzas, por ejemplo, que sobrevuelan a ambos lados del cuerpo de agua.

La zona recibe el nombre Pacaya Samiria por sus dos ríos principales: el Pacaya, que desemboca en el río Ucayali, y el Samiria, que lo hace en el río Marañón. Todas las aguas terminan alimentando al grandioso Amazonas, el río más largo y caudaloso del planeta por donde discurre la embarcación que nos permite explorar privilegiadamente bosques, ciénagas, ríos y cochas, durante cinco noches y seis días.

Es posible visitarla en temporada de lluvias (enero – marzo) o en la seca (abril – diciembre). Cada tiempo ofrece sus ventajas. Durante la primera, al aumentar el caudal, se mantiene una navegación sin sobresaltos, pero se limitan las visitas a las restingas o tierras altas que no llegan a inundarse. Durante la seca es posible explorar las tierras bajas aunque en muchos ríos menores el tránsito queda restringido debido al bajo caudal.

A finales de la temporada lluviosa, la flora y fauna reaparecen y es posible reconocer el paraje natural a pie. Adonay encabeza las caminatas que suelen ser de dos horas por pequeños bosques que se abren sobre tierras planas en la zona de amortiguamiento de la reserva. Durante los siguientes días observaremos aves, pequeños primates y hasta una anaconda enroscada en lo alto de un árbol. Una experiencia única.


Viajeros saltan a la orilla del río desde un deslizador. La diversión ha empezado.

PLACER AMAZÓNICO

Parte de esta experiencia de descubrimiento y conexión con la naturaleza es la travesía a bordo del Delfín III, un cómodo y lujoso hotel flotante con 23 suites distribuidas en dos pisos. La comodidad y el descanso son parte de las emociones diarias, ya sea con el viaje de cuatro o cinco noches.

Al despertar, las mañanas inician con una vista espectacular del río Marañón desde la cama cubierta con sábanas de algodón peruano, gracias a un ventanal de pared a pared y piso a techo que crea la sensación de haber amanecido flotando sobre las mismas aguas. Es un espacio sobrio y elegante donde predomina la madera y el ingreso de luz natural.

El desayuno, elaborado con frutas exóticas y amazónicas como la pitahaya, el aguaje, la cocona o el camu camu, puede incluir cecinas regionales y huevos revueltos acompañados con café orgánico y una vista extraordinaria de la Amazonía desde el comedor, mientras la nave surca el río.

Mientras todos desayunan, Adonay organiza las diversas actividades. Navegar en kayak por el río Yanayacu, pescar pirañas en la tranquilidad de la tarde, observar aves y primates, o refrescarse en las aguas frías de las cochas. Son todas actividades que pueden realizarse indistintamente de la época. Durante el almuerzo o la cena, los pescados exóticos y deliciosos como la doncella, el dorado o el paiche, el pez de agua dulce más grande del mundo, llegan a la mesa servidos con diversos acompañamientos y una buena selección de vinos blancos o tintos.

La suave brisa y clima benevolente invitan a una siesta en la suite o sobre la cubierta, situada en el nivel más alto del barco donde también está el bar y una sala de lectura con libros especializados sobre ornitología, botánica, flora y fauna de la región. Para quienes quieren añadir placer al placer, un masajista a bordo y un minigimnasio para ejercitarse pueden ser parte de un corto escape.

Durante una de las tardes, el itinerario permite visitar comunidades como la de San Francisco, a orillas del Marañón, donde habitan pobladores de la comunidad kokama que viven de una agricultura básica y de la elaboración de artesanías. De retorno, en el barco, los pasajeros se preparan para cenar. El aperitivo perfecto espera en el bar de la cubierta, a cielo abierto.

Navegar en el Delfín III es encontrar el placer en las cosas pequeñas, en los detalles y la naturaleza. Dependiendo del Delfín elegido (son tres las embarcaciones del Delfín Amazon Cruises) y la época, la experiencia puede variar, pero mantiene el mismo espíritu: charlas o clases de coctelería, expediciones, desconexión de la urbe.


La Owner’s Suite es la más espaciosa de todas en el Delfín III. Contemplar la Amazonía desde la cama de esta cabina de lujo, a través de los enormes ventanales de 180 grados, es una experiencia única.


La experiencia de viaje se combina plácidamente con el disfrute de una piscina al aire libre, sobre la cubierta envuelta por el paisaje amazónico.

LA CALMA SOBRE EL RÍO

Los pasajeros suelen provenir de Australia, Japón, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Estados Unidos, pero también de Latinoamérica y ocasionalmente del Perú. Algunos llegan atraídos por el llamado de la selva, literalmente. “Durante años he querido ver al Amazonas, el río más largo y caudaloso del mundo”, cuenta un pasajero australiano acompañado de su esposa e hijos. “Sé que tu país tiene la lista más extensa de aves exóticas en el mundo”, asegura un inglés, ornitólogo entusiasta y maestro de escuela retirado, admitiendo que fue la razón inicial para llegar al Perú. Las historias se mezclan con las anécdotas de Adonay, jefe de un gran equipo de guías, que tiene la capacidad de hacer reír hasta al personaje más flemático con sus relatos, como el de sus abuelos cuando descubrieron que un otorongo se había engullido las gallinas.

Semanas después, ya en Lima, Lissy Urteaga y su esposo, el exbanquero Aldo Macchiavello, planifican el futuro, luego de haber hecho su sueño realidad: fundar una empresa de viajes boutique, Delfín Amazon Cruises, que ofreciera experiencias que combinen un acercamiento a la selva con un servicio de guías capacitados, alta gastronomía con productos locales y un espacio elegante.

En una época donde las comunicaciones parecen serlo todo y nadie podría imaginarse vivir sin redes sociales, Lissy y Aldo decidieron no instalar WiFi en los barcos. “En un principio las personas se sorprendieron”, cuenta ella. “En el mundo de hoy andamos conectados todo el tiempo. Pero al estar en la vastedad de la selva amazónica eres un alma que solo necesita conectarse con la naturaleza”. No podríamos estar más de acuerdo.

Durante la travesía en el Delfín III, se realizan paseos sobre tierra firme y surcando ríos para observar aves, primates, flora y otras formas de vida en la Reserva Nacional Pacaya Samiria.

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