VICTORIA: REFUGIO MODERNO

Barranco siempre será el distrito más bohemio de la cuidad. En sus calles, los bares y restaurantes adquieren protagonismo nocturno y el Bar Victoria es uno de esos lugares privilegiados: conserva la elegancia arquitectónica del siglo pasado, pero con una estética moderno, urbana y actual que invita a quedarse toda la noche.

La escena gastronómica de un país no está completa sin una oferta coctelera. Es clave contar con alternativas de barras y espacios que acojan, y tragos que cuenten la historia del lugar y de sus creadores.

Y aunque los cocteles tradicionales se mantengan entre los favoritos, la realidad es que los de autor son los más buscados en ciudades que están en constante evolución.

La vieja Casa Cilloniz, de 1903, ubicada frente a la barranquina estación del tranvía, aún conserva la prestancia de este barrio. Desde afuera, puede parecer una casa más de las que abundan en Barranco, pero al atravesar la puerta nos encontramos con un espacio que por las noches se llena de vida y estilo para convertirse en Victoria, liderado por el bartender Luis Alberto Regalado. Para él, ser jefe de barra y creador de la carta es un reto constante y la posibilidad de transmitir frescura y diversión a través de sus bebidas.

Originalmente inaugurado en el 2013, Victoria representa un punto de referencia en la avenida Pedro de Osma. Desde octubre del año pasado está bajo una nueva administración que busca mantener su esencia de bar clásico barranquino, pero dándole una nuevo nivel de sofisticación, elevando su propuesta a una de diseño bohemio y chic.

Con este nuevo enfoque los visitantes tienen la opción de elegir tres zonas, como si fueran tres bares en uno: la terraza, con mesas altas y sillones, perfecta para las noches de verano; al lado, una zona interior con un toque oscuro y privado que cuenta con una barra larga; y subiendo las escaleras, una barra de whisky para quienes disfrutan de este destilado.

Su renovada carta ofrece una aventura sensorial: desde tragos a base de whisky, ron, gin y pisco; o con frutas, como la piña, granadilla, guanábana y camú-camú. “Un buen coctel debe tener, principalmente, un buen destilado, porque es un producto muy versátil del que puedes extraer aromas a madera, tabaco, canela, almendras y chocolate. En base a esa elección creo mis cocteles. Luego escojo una fruta que le otorgue fuerza, carácter y equilibrio. Por ejemplo, el limón tahití es suave, ligero y con un punto de acidez mínimo. Para darle el toque final de aromas hago bitters propios de hierbas amazónizas y andinas”, dice Luis Alberto.

El verdadero origen del nombre de este bar se ha diluido en el tiempo. Historias y teorías hay muchas. Sin embargo, para quienes hoy están al mando, la palabra cobra un significado especial. Luis Alberto cuenta que “al ser victoria una expresión que indica alegría por haber vencido, esta apuesta resulta un reto, una lucha diaria. Abrir cada noche el bar nos permite transmitir la cultura de la ciudad a través de una copa”, cuenta Luis Alberto. La victoria es, finalmente, de quien disfruta estas apasionadas bebidas.

UN CLÁSICO BAR BARRANQUINO QUE SE INSPIRA EN LA COCTELERÍA DE AUTOR PARA CREAR UNA PROPUESTA MODERNA Y EMOCIONANTE: CADA SORBO REVELA CONOCIMIENTO, ASTUCIA Y CARÁCTER.

“UN BUEN CÓCTEL DEBE TENER, PRINCIPALMENTE, UN BUEN DESTILADO, PORQUE ES UN PRODUCTO MUY VERSÁTIL DEL QUE PUEDES EXTRAER AROMAS A MADERA, TABACO, CANELA, ALMENDRAS Y CHOCOLATE”
Luis Alberto Regalado

Puente de los suspiros (izquierda)
Gin Beefeater, zumo de tumbo, almíbar de chicha morada, zumo de limón tahíti y agua tónica. En copa Riedel Restaurant Oaked Chardonnay.

Golden (derecha)
Whisky Jamesson, almíbar de piña golden, zumo de limón tahíti, campari herbal y ginger beer. En vaso Riedel Highball.

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