VIÑA KOYLE – CRISTÓBAL UNDURRAGA: EL LLAMADO DE LA TIERRA

Entender el carácter que adquiere la uva gracias a la tierra en donde crece y la importancia de generar una comunicación con el entorno definen la filosofía de trabajo de Cristóbal Undurraga, enólogo y viticultor de viña Koyle.

Viña Koyle puede ser descrita en base a tres pilares. El primero, la familia. Con una tradición de más de 120 años haciendo vino en Chile, los Urrunaga empezaron con el negocio en 1885 para en el 2006, con la visión de una nueva generación, fundar Koyle. El segundo pilar es el terruño, enfocarse en producir vinos de un solo origen, en este caso, en Los Lingues, Colchagua, a los pies de la Cordillera de Los Andes, y donde Cristóbal Undurraga, el primer enólogo de las cinco generaciones de esta familia vitivinícola, vive con su esposa y tres hijos. El tercer pilar es el uso de la agricultura biodinámica. Hablamos de vínculos y del respeto por el ecosistema como la identidad de una marca en permanente evolución.

¿La tradición familiar en torno al vino fue determinante en la decisión de involucrarte en el negocio?
Empecé estudiando Geografía, luego Ingeniería Forestal, pero nunca busqué la Enología como carrera. Siempre me vi en algo más pegado a la tierra. Luego, decidí ser enólogo y cuando acabé mis estudios me fui de Chile. Trabajé siete años en bodegas de diferentes países, como Estados Unidos, Australia y Francia; en este último, en Burdeos, en el famoso viñedo Château Margaux. Después, fui a Mendoza. Toda esta etapa fue perfecta para encontrar un estilo propio. Siempre creí en innovar, en hacer algo nuevo. Ese siempre ha sido mi desafío.

¿Por qué decidiste regresar?
En el 2007 mi papá y mi hermano me invitaron a participar de un proyecto. En un principio pensaban en comprar algo ya hecho, pero les dije que si volvía sería para comenzar algo nuevo. En esos siete años que estuve fuera forjé un ideal, tenía sueños y muchos planes por lograr. Finalmente, eso fue lo que impregné en Koyle.

Uno de esos planes era implementar la agricultura biodinámica.
El concepto busca tener una visión holística sobre un lugar; es decir, entenderlo como un organismo vivo. Imagínate a un ser humano: cada órgano cumple una función. Eso mismo pasa en una finca, su límite es como la piel del cuerpo. El reservorio de agua puede ser el riñón; las bombas que riegan el campo son el corazón; el sector del compostaje, el estómago y eso alimentará el campo. La viña biodinámica es un organismo cerrado. No usamos nada externo para alimentar la tierra. Busco que el lugar sea auténtico. Si produces en un solo lugar, todo tendrá ese sello. La biodinámica permite lograr una fruta de mejor calidad.

¿Qué le da la tierra al vino?
Cuando hablamos de la tierra para el vino, te diría que tiene dos características importantes: la presencia de roca y las pendientes. Cada roca tiene una mineralidad diferente. Puede ser aluvial, coluvial, de granito o una calcárea. Después, está la pendiente del terreno, que ayuda a que el agua se mueva. Las raíces van detrás del agua; entonces, cuando hay pendientes, exploran bajo tierra y al hacerlo se topan con un salón lleno de rocas y minerales. Eso le dará identidad al vino.

¿Koyle tiene esas características en su tierra?
Sí. Fueron las primeras que buscamos: roca y pendiente. Como identidad tenemos roca basáltica, que da el sello a nuestros tintos. El basalto es una roca volcánica que tiene un alto contenido de fierro, magnesio y calcio. Ese sello mineral se transmite a los vinos con un nivel de amargor que da ese sabor extra, parecido al café y el cacao.

Si tuvieras que recomendar un vino de Koyle a alguien que nunca ha probado la marca, ¿cuál sería?
Si hablamos de tintos, recomendaría el Carmenere, porque es una variedad amable en estructura y taninos. Nuestro vino, en general, se caracteriza por un frescor único, son muy fáciles de tomar. Y cuando decimos eso, no hablamos de uno simple, sino de uno tomable.

No siempre debe gustarnos tomar algo complejo.
Exacto. Uno tiene que tomar lo que le gusta, y en eso no hay un código. Es cómo te gusta a ti. En esa simpleza está la autenticidad.

¿Y cuál es tu preferido?
El Cerro Basalto Cuartel G2. Es un vino a base de Carmenere con Cabernet franc que se produce en un sector del viñedo de seis hectáreas. Ha tenido un éxito genial. Siempre digo que es una pena tener tan poco de ese vino. No hacemos más de cinco mil botellas por año.

Tienes una relación fuerte con la tierra, con la uva.
Trabajamos en conjunto. Dejo que la vid se exprese en su totalidad, que llegue a su máxima expresión, pero bajo su propio arquetipo y capacidad. Uno va creando un cierto lenguaje con el lugar. Lo miro y entiendo lo que quiere lograr, se genera una comunicación real. Es casi como hablar con las plantas. Eso es lo que he logrado con la uva. Para mí, es el único ingrediente para hacer lo que más me gusta: vino.

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